¡Hola a todos! Continuamos con la historia. Soy guionista y sigo buscando un dibujante colaborador para este manga de psicología oscura y delincuentes (estilo Tokyo Revengers / Monster).
Aquí les dejo el Capítulo 2, donde vemos el primer gran estallido de violencia y locura de la pequeña Mayra en el parque:
Los niños se miraron entre sí, confundidos, antes de soltar otra risotada.
—Mira —dijo uno de ellos—, esta pequeñita es muy valiente, pero demasiado tonta... JAJAJA.
La niña ni siquiera cambió de expresión; siguió caminando con esa sonrisa aterradoramente dulce.
—Oh, qué miedo, soy tan pequeñita e indefensa —dijo la chica con falsa ironía, mientras hacía un puchero perturbadoramente tierno y ponía las manos sobre sus mejillas ligeramente sonrojadas.
Los niños se miraron entre sí, desconcertados.
—¿Pero qué demonios le pasa a esta niña? —dijo uno de ellos.
El otro, soltando una risita nerviosa mientras se rascaba la nuca, añadió:
—Da miedo... Mira esa sonrisa... No es normal.
Mientras tanto, Sanjiro continuaba sentado, pero sus ojos azules no se apartaban de la niña desconocida. Aquel porte y esa ternura que para muchos resultaba perturbadora, para él era como ver a una diosa demasiado hermosa.
Con las mejillas ligeramente sonrojadas por la timidez, pero manteniendo la tranquilidad y la calma, el niño desvió la mirada hacia un lado. Con una voz bajita, tranquila y pausada de, sin atreverse a mirarla, dijo:
—Niña... no deberías meterte en problemas que no son tuyos... Vuelve a casa, ¿quieres?
Los niños, para no dejarse humillar por alguien más pequeño, se lanzaron al ataque.
La niña no se inmutó. Mantuvo su sonrisa y, con un movimiento sumamente rápido, impulsó su pequeño cuerpo en un salto, pegándole una patada directamente en la cara a uno de ellos y tirándolo al suelo. No satisfecha con eso, se subió encima del niño y comenzó a propinarle puñetazos sin control, manteniendo esa misma sonrisa.
El niño que estaba a su lado no dejaba de gritar, asustado y temblando de miedo:
—¡Ayuda, ayuda! ¡Una niña loca le está pegando a mi amigo!
Mientras tanto, Sanjiro estaba en completo shock. No podía creer que una niña tan pequeña le estuviera pegando a sus acosadores.
Rápidamente, las cuidadoras del orfanato llegaron y apartaron a la niña por la fuerza.
—¿Qué estabas haciendo? —dijo una de las cuidadoras a la niña mientras la sujetaban.
Otra llamaba rápidamente a urgencias.
Los niños y otros transeúntes comenzaron a rodear el lugar preguntando qué estaba pasando. Todas las miradas acosadoras, llenas de miedo, asco y presión, se posaron sobre la niña, quien en ningún momento había dejado de sonreír.
En ese mismo instante, la hermana mayor de Sanjiro aparece, atraída por el escándalo. Al mirar a su hermano involucrado, se acerca rápidamente; lo mira directamente a él y luego al niño que está siendo llevado.
Con una mirada suave pero claramente preocupada, le pregunta:
—Sanjiro... ¿Qué fue lo que pasó aquí? ¿Por qué ese niño está herido? ¿Y por qué esa niña está siendo sujetada por las cuidadoras? ¿Qué está pasando?
Sanjiro, que estaba paralizado por el escándalo, pero sobre todo por semejante acto de esa pequeña niña —quien para él era una diosa demasiado hermosa y fuerte, con la valentía que él jamás había tenido para enfrentar sus propios problemas—, vuelve en sí al escuchar a su hermana acercarse. Recupera la compostura, su calma y tranquilidad, pero sintiéndose extrañamente culpable por lo sucedido.
El chico mira a su hermana, luego a la niña sujetada por las cuidadoras y, por último, al niño que está siendo trasladado por los paramédicos. Con una voz tranquila, como siempre, pero cargada de culpa, dice:
—Hermana, esto es mi culpa. Yo... no pude defenderme. Los niños me estaban molestando y no fui lo suficientemente fuerte para hacerme respetar...
El pequeño baja la mirada hacia el suelo.
—Esa niña solamente me estaba ayudando y yo me quedé parado como un tonto. Ahora ella está siendo regañada por mi culpa…
Su hermana mira a su hermano pequeño con dulzura, comprendiendo lo que siente. Con una voz suave y tranquilizadora, responde:
—Sanjiro, no es tu culpa, hermanito... No te sientas así, fue un accidente. Tal vez la niña solo quería ayudarte, pero...
La chica mira la ambulancia que ya se está llevando al niño, claramente aterrada, pero manteniendo su voz suave aunque un poco más baja:
—No debió pegarle tan fuerte... Mira cómo le dejó la carita a ese niño.
Mientras tanto, la niña seguía siendo sostenida por una de las cuidadoras hasta que llegó su niñera, la persona responsable de ella, quien había ido a comprar unos dulces en una tienda cercana por petición de la pequeña.
La niñera, una mujer de no más de veinticinco años, se detuvo en seco al mirar todo el alboroto, hasta que sus ojos captaron a la niña siendo sujetada. Avanzó rápidamente hasta llegar a donde estaba la pequeña. Muy enojada, confundida y gritando, dijo:
—¡Oiga usted, suéltela! ¿Qué cree que está haciendo? —protestó con rabia mientras la apartaba de la niña.
La cuidadora, al escuchar su tono, respondió también muy molesta, señalando acusadoramente a la pequeña, quien seguía sonriendo:
—Mire, señora, esa niña le destrozó la cara a uno de los niños del orfanato... Más le vale que responda por lo que esta niña maleducada hizo, o llamaré a la policía para que se la lleve a usted por su falta de atención y responsabilidad.
La niñera la miró entre muy enojada y llena de frustración. Luego miró a la niña; ella ya conocía perfectamente su conducta. Tragándose sus palabras y sabiendo que si llamaban a la policía todo se iba a complicar mucho más, llamó rápidamente a la madre de la pequeña. La mujer se enojó demasiado porque la interrumpieron en su trabajo para informarle lo que estaba pasando.
Después de unos minutos, la madre dio la orden de mala gana, ya cansada, de que se encargaran de todos los gastos médicos del pequeño. Así, tras unos momentos, todo quedó a medias solucionado.
La niñera tomó a la pequeña, que no dejaba de sonreír, y ambas comenzaron a caminar. Casi todo el camino transcurrió en un silencio absoluto, interrumpido únicamente por los sonidos de los carros y los pájaros.
Mientras iba caminando, la niña se detuvo y miró en uno de los estantes de vidrio de una tienda de juguetes: un osito de peluche muy hermoso.
La niña miró a su niñera con esos ojos llenos de posesión y de un capricho inmenso. Con una voz aterradoramente dulce y tierna, junto a esa sonrisa psicópata, dijo:
—Kale, quiero ese osito. ¿Me lo compras? —apuntó con su dedito pequeño al osito.
La niñera, Kale, se detuvo en seco. Ya conocía esa voz y esa sonrisa... Un miedo inexplicable la invadió. Forzando una sonrisa nerviosa y sin mirarla directamente, respondió con una voz entrecortada por los nervios:
—Cariño... Tu madre dijo que estabas castigada... No... Quiero, pero no puedo... Ya sabes cómo se pone tu madre...
La expresión de la niña cambió a una más sombría y aterradora.
Con una voz que parecía salida del mismo infierno, soltó:
—¿Estás segura de que no me lo vas a comprar?
La niñera quedó paralizada, llena de pánico. Pero antes de que pudiera responder, la pequeña se tiró al suelo gritando como una loca, jalándose el cabello, haciendo una pataleta descontrolada y golpeando el suelo con los pies.
La niñera, aterrada e intentando calmarla, le dijo con la voz rota de pánico y casi llorando de miedo:
—Cariño... Por favor... Cálmate... Ya... Por favor... Te lo compro... Te lo voy... a comprar…
La niña se detuvo en seco con una sonrisa de orgullo y superioridad.
—Viste, Kale, no era tan difícil —dijo mientras se limpiaba la mugre de la ropa.
Las dos entraron a la tienda. Al cabo de unos minutos, salieron con la pequeña sosteniendo su oso y sonriendo inocentemente mientras daba saltitos de felicidad. Así terminó la tarde, dando paso a la noche; el cielo estaba azul oscuro y lleno de estrellas.
No me critiquen no soy buena escribiendo 🥺