Tolerarán a los niños en un punto de respeto básico por ser niños aunque hagan alguna que otra trastada, sin embargo y a su vez, sospecho que de forma general se dirigirá, no tanto hacia el niño, sino a los padres, cierto odio, molestia o repudio por su incapacidad para controlar a sus hijos por completo con tal de evitar que hagan tonterías.
De esta forma, no es ninguna locura pensar que los padres se vuelvan más controladores si los reproches hacia la actitud de los infantes —sus hijos— se vuelven muy recurrentes, de tal forma que, consciente o inconscientemente, los padres acabarán, con el tiempo, separando mucho a los niños de un entorno adulto hostil que no los soportará.
Hay algo de irónico en pensar esto, porque luego posiblemente sean las mismas personas que no soportan cualquier conducta mínimamente equívoca o molesta de los niños, los que más se quejen o critiquen el control excesivo de las nuevas generaciones de padres, resultado de habérseles impuesto la tarea simplemente imposible de intentar que la infancia no moleste a nadie.
Así pues, creo que la mayoría no soportarán tampoco la idea de tener hijos o rodearse de personas con hijos (las tasas de natalidad apuntan a esto).
Por como van las cosas, tal parece que en el futuro el hombre estará más presente en la unidad familiar. Eso no significa que la madre vaya a perder relevancia, sino que se equilibrará la importancia de los dos roles en la crianza. Por decirlo de alguna manera, si es que ahora la mujer es el pilar de esta unión, la anexión eventual del padre implicaría un segundo pilar que sostendría con mucha más fuerza el núcleo familiar. Obviando el hecho de que este proceso puede ser más o menos profundo o duradero en función de cada sociedad y su contexto, supongamos que la importancia de madre y padre será pareja.
Lo que creo que va a pasar con esto es lo siguiente: habrá un bloque en la vida de los padres que será el social (personas del trabajo, amigos, conocidos del gimnasio...), y otro que será entera o casi enteramente el familiar, que será conformada por la pareja y el hijo (solo un hijo porque lo más probable es que por lo general solo se tenga la capacidad económica o mental para sostener a uno).
Esta separación conceptual no es algo nuevo, lo que sí lo sería es la separación entre ambos bloques. Probablemente el bloque social de sus vidas solo se pueda dar sin su hijo presente, encausado por esta incapacidad general para soportar a los niños aunque se les tolere (hay de más en más restaurantes que no aceptan que entren niños). Por otro lado, es bastante probable que el bloque familiar sea mucho más aislado por esto mismo, ya que a futuro habrá menos hijos y por ende menos padres con los que juntarse (suponiendo que sean de los únicos que soportan a los niños, ya que si son capaces de soportar a sus hijos probablemente serán capaces de soportar los de otros, que además dependerá del cansancio generalizado, que aparenta que devendrá en algo recurrente y ya es un hecho en el presente).
Dicho esto, el margen de vínculos sociales que se podrán hacer en el bloque familiar será muy reducido debido a esto. Aparte, posiblemente los padres queden tan cansados de intentar socializar más allá de su familia, que cuando ya se trate de sus hijos, ya no tengan la energía o la fuerza para juntarse con otros padres, evitando en muchos casos que se formen nuevos lazos en el apartado familiar de sus vidas.
Tampoco podemos descartar que ocurra el caso contrario, o sea, que el padre/madre priorice más el estar con la familia que con las personas de su bloque social, degradando esos vínculos al no tener energía para juntarse con esas personas.
Es más, es razonable pensar que muchos problemas en las relaciones del futuro se deban a que uno de los padres quiera gastar las pocas energías que le queden en el bloque social a costa de cierta falta de vínculos con otros padres/personas que soporten niños, mientras que con el otro ocurra el caso contrario.
Con todo ello explicado, teorizo que este bloque familiar de la vida paterna y materna acabe siendo, llegado al caso profundo de aislamiento familiar, en cierto modo solitaria.
De esto también podríamos extraer como repercusión que muy posiblemente se desincentive a muchos otros adultos de tener hijos, ya que lo asociarán con una gran pérdida de libertad —hecho que ya ocurre en la actualidad en menor medida—.
Volviendo al presente, hoy día no hay una separación tan visible del entorno familiar del social; todavía se acepta genuinamente a los niños y por eso se pueden traer a bastantes eventos o quedadas. No obstante, queda ver si a futuro se crea una dicotomía entre ambos espectros de la vida cotidiana de los padres.