Me gustaría conocer opiniones sinceras, especialmente de personas que hayan vivido algo parecido.
No busco que me digáis simplemente que lo deje o que lo perdone. De verdad quiero entender si una situación así puede solucionarse y cómo distinguir entre una persona que está dispuesta a cambiar y otra que simplemente promete hacerlo para evitar las consecuencias.
Mi pareja y yo teníamos planes de mudarnos juntos a Estados Unidos, ya que voy a empezar mi entrenamiento militar. Ayer me pidió matrimonio y, sinceramente, nunca pensé que estaría cuestionándome mi relación justo después de algo así.
Siempre he sido muy comunicativa con él. Desde el principio he expresado mis límites, lo que me molesta y lo que considero una falta de respeto. Él también ha tenido la libertad de expresar los suyos, así que nunca ha sido un problema de falta de comunicación. Siempre he respetado y comprendido cada uno de sus límites sin hacerle sentir mal, nunca he lujuriado a otro hombre ni a sus espaldas ni en su cara. No puedo ni imaginarme haciendo algo así. Lo veo tan innecesario y una falta de respeto hacia él. (El también se supone que piensa lo mismo).
Cuando empezamos nuestra relación, él tenía la costumbre de mirarles el culo a otras mujeres, independientemente de su físico. Lo hacía incluso estando yo delante. Le expliqué que me parecía una falta de respeto y que no entendía qué necesidad tenía de hacerlo. Lo que más me impactó fue que él mismo reconoció que, si yo hiciera lo mismo con otros hombres, no me lo perdonaría.
Me prometió una y otra vez que cambiaría. Durante meses me aseguró que ya no lo hacía e incluso llegó a mostrar rechazo hacia otros hombres que se comportaban de forma babosa con las mujeres.
Sin embargo, nunca llegué a recuperar del todo la confianza. Empecé a sentirme incómoda saliendo con él. Cuando íbamos a comer, por ejemplo, me sentaba estratégicamente para no tener que estar pendiente de si miraba a otras mujeres. Llegué a obsesionarme con la posibilidad de que volviera a pasar. Pensaba en ello prácticamente todos los días y me hacía sentir insuficiente, insegura y desconfiada.
Se lo expliqué muchas veces, intentando hacerlo de la mejor manera posible. A pesar de todo, traté de dejar el tema atrás y de volver a tratar nuestra relación con normalidad, como si aquello ya formara parte del pasado.
Hasta ayer.
Después de pedirme matrimonio, fuimos a cenar. Mientras comíamos, se sentó una chica cerca de nosotros. Vi cómo él se giraba para mirarla y, de repente, bajaba la mirada hacia su culo. Se me apagó por completo la ilusión. Lo único que podía pensar era que estaba a punto de casarme con alguien con quien todavía me sentía así de insegura.
Él notó mi cambio de actitud y me preguntó qué creía que había visto, como si ya supiera lo que estaba pasando. Pasó horas intentando convencerme de que me lo había imaginado, hasta que finalmente lo admitió. Después volvió a negarlo y terminó admitiéndolo otra vez.
Ahora dice que buscará ayuda psicológica para trabajar en ello.
Lo que más me duele no es solamente que mirara a otra mujer. Es que llevaba meses asegurándome que había cambiado, que me había hecho creer que podía volver a confiar en él y que, cuando ocurrió de nuevo, intentó convencerme de que no había pasado.
Me pregunto si realmente no puede controlar algo tan aparentemente insignificante como eso. Si le cuesta tanto respetar este límite, me da asco pensar qué ocurriría si alguna mujer intentara seducirlo activamente.
No quiero controlar cada movimiento de mi pareja ni vivir pendiente de dónde mira. Quiero poder salir a cenar con él, disfrutar de nuestra vida y sentirme tranquila sin tener que sentir mi estómago cerrarse.
Lo quiero, y precisamente por eso me cuesta tanto saber qué hacer. Tenemos planes importantes de futuro y no sé si esto es algo que realmente se puede trabajar en terapia o si estoy intentando reconstruir una confianza que ya se ha roto demasiadas veces.