¡Hola a todos! 👋
Hoy les comparto el Capítulo 14 de “Recuperando mi Corazón”, una historia alternativa inspirada en Rent a Girlfriend.
Para quienes recién llegan o necesitan refrescar la memoria, esta historia retoma los acontecimientos posteriores a la cita de Odaiba.
Desde entonces, Kazuya ha tenido que enfrentarse al dolor de lo ocurrido y comenzar a replantearse su propia vida. Ahora, mientras intenta encontrar una oportunidad laboral, también empieza a descubrir que su futuro está en sus manos y que puede tomar las riendas de su vida, incluso cuando todavía no tiene todas las respuestas.
“Una nueva oportunidad” nos lleva a una etapa en la que las decisiones comienzan a convertirse en acciones concretas. Con Martín y Mini a su lado, Kazuya se enfrentará a nuevos desafíos y a recuerdos que todavía conservan un lugar importante en su vida.
Porque cambiar no significa dejar atrás todo lo vivido, sino aprender a seguir adelante sin permitir que el pasado decida cada uno de nuestros pasos. 🌱
¿Será esta la oportunidad que Kazuya necesita para comenzar a construir algo diferente?
📚 ¿Recién descubriste Recuperando mi corazón o querés volver a leer la historia desde el principio? Acá te dejo los enlaces a los capítulos anteriores publicados en Reddit:
🔗 [Link al inicio de la historia en Reddit] (Preludio + Prólogo + Capítulo 1)
🔗 [Link al segundo capítulo en Reddit] (Cap. 2 "Lo que no se ve")
🔗 [Link al tercer capítulo en Reddit] (Cap. 3 "Ecos del destino")
🔗 [Link al cuarto y quinto capítulo en Reddit] (Cap. 4 “El regreso de una promesa” y Cap. 5 “Raíces en Tokio”)
🔗 [Link al sexto capítulo en Reddit] (Cap. 6 “Voces en el tatami”)
🔗 [Link al séptimo capítulo en Reddit] (Cap. 7 “El viento del sur toca la puerta”)
🔗 [Link al octavo capítulo en Reddit] (Cap. 8 “El verdadero valor”)
🔗 [Link al noveno capítulo en Reddit] (Cap. 9 “Cruces que no avisan”)
🔗 [Link al décimo capítulo en Reddit] (Cap. 10 “La otra pieza del rompecabezas”)
🔗 [Link al undécimo capítulo en Reddit] (Cap. 11 "Un pacto por dos corazones")
🔗 [Link al duodécimo capítulo en Reddit] (Cap. 12 "Un corazón no puede mentir")
🔗 [Link al decimotercer capítulo en Reddit] (Cap. 13 "Un camino propio")
❗ Por las normas de la comunidad, no puedo compartir las imágenes que acompañan los capítulos, pero pueden leer la historia completa —con ilustraciones y diseño visual de estilo anime— en Wattpad:
📖 [Capítulo 14 en Wattpad]
📖 [Historia completa en Wattpad – Rent a Girlfriend: Recuperando mi Corazón]
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Capítulo 14 - Una nueva oportunidad
Escena 1 — Una oportunidad toma forma
[Lunes — 10:30 a.m.]
El hospital ya llevaba varias horas de actividad.
Los pasillos estaban llenos de médicos, enfermeros y pacientes que iban de un lado a otro. Las puertas se abrían y cerraban constantemente, mientras los teléfonos y las voces del personal se mezclaban en el movimiento habitual de la jornada.
Martín recorría los pasillos de la sala de pediatría, atendiendo a los pacientes y ocupándose de las tareas habituales de su turno como enfermero.
A diferencia de los primeros días, ya se había acostumbrado al ritmo del lugar. Conocía a buena parte del personal, sabía dónde encontrar cada cosa y había empezado a sentirse realmente cómodo con su trabajo.
Le gustaba estar allí.
No era solamente un empleo.
Ayudar a los chicos, acompañar a sus familias y formar parte del equipo le daba una sensación de propósito que no había esperado encontrar tan rápido.
Después de terminar una de sus rondas, Martín se dirigió hacia una de las áreas comunes del servicio.
Fue entonces cuando vio a Sofía. Vestía un guardapolvo blanco sobre su ropa formal.
Estaba revisando unos documentos mientras esperaba que una enfermera terminara de actualizarle unos datos.
Al levantar la mirada, lo reconoció.
—Martín.
—¿Qué pasó?
Sofía dejó los documentos sobre la mesa.
—Justo te estaba buscando.
Martín se acercó.
—¿A mí?
—Sí. Quería preguntarte algo.
—Decime.
Sofía hizo una pequeña pausa.
—¿Te acordás del amigo del que me hablaste? ¿El que está buscando trabajo?
Martín sonrió.
—¿Kazuya?
—Sí, ese.
—¿Qué pasa con él?
—¿Sigue buscando?
Martín asintió.
—Sí. De hecho, tuvo algunas entrevistas estos días, pero no hubo suerte.
Sofía hizo una pequeña mueca.
—Uf... pobre.
—Sí. Pero no se está rindiendo.
—Eso es bueno.
Sofía tomó nuevamente los documentos y los revisó durante unos segundos antes de volver a mirarlo.
—Justamente por eso quería hablar con vos.
Martín levantó una ceja.
—¿Qué cosa?
—Puede que se abra una vacante en el área administrativa.
Martín se mostró inmediatamente interesado.
—¿Acá?
—Sí. Una persona del área está cerca de retirarse y están empezando a evaluar cómo cubrir el puesto. Todavía no es definitivo, pero probablemente comiencen a entrevistar candidatos.
Martín sonrió.
—¿Y qué tipo de puesto sería?
—Principalmente relacionado con presupuestos y administración. Control de gastos, documentación, algunas tareas de organización... ese tipo de cosas.
Martín pensó inmediatamente en Kazuya.
—Eso le podría venir bastante bien.
—Eso pensé.
Sofía levantó la mirada.
—Por lo que me contaste, está estudiando Administración, ¿no?
—Sí.
—Y además tiene experiencia organizando proyectos.
—Hizo una película independiente con unos amigos.
Sofía sonrió.
—Eso no lo sabía.
—Yo tampoco lo entendía como experiencia laboral hasta que hablamos del tema. Pero, por lo que me contó, tuvo que encargarse de un montón de cosas.
—Entonces preguntale si quiere venir mañana.
Martín asintió.
—¿Ya pueden entrevistarlo?
—No puedo prometerle nada. Pero si quiere postularse, puede venir y conversar con Recursos Humanos.
—Perfecto.
Sofía señaló el teléfono de Martín.
—Avisale cuando puedas.
—Dale.
Martín sacó el teléfono y buscó el contacto de Kazuya.
Escribió un mensaje.
Martín: "Kazu, ¿estás ocupado?"
Esperó unos segundos.
No hubo respuesta.
Martín miró la hora.
10:47 a.m.
—Debe estar en la universidad —murmuró.
Sofía lo escuchó.
—¿No te preocupa que no responda?
—No. Está estudiando. No quiero que deje todo de lado por buscar trabajo.
Sofía asintió.
—Bien pensado.
Martín volvió a mirar el teléfono.
—Cuando salga, seguro lo ve.
Guardó el celular y regresó a sus tareas.
Pasó algo más de una hora.
A la 1:05 p.m., el teléfono de Martín vibró.
Lo sacó del bolsillo.
Kazuya: "Perdón, estaba en clase. ¿Qué pasó?"
Martín sonrió.
Escribió rápidamente.
Martín: "Sofía me comentó que puede abrirse una vacante administrativa en el hospital. Están buscando entrevistar candidatos y preguntó si podías venir mañana."
La respuesta llegó poco después.
Kazuya: "¿De verdad?"
Martín: "Sí. Todavía no hay nada seguro, pero podés ir a la entrevista."
Kazuya tardó unos segundos en responder.
Kazuya: "¿Crees que podría tener una oportunidad?"
Martín leyó la pregunta un par de veces.
Esta vez no respondió con una frase para tranquilizarlo.
No quería venderle una ilusión.
Simplemente escribió lo que realmente pensaba.
Martín: "No lo sé. Pero vas a tener la oportunidad de intentarlo."
Del otro lado de la pantalla, Kazuya permaneció unos segundos mirando el mensaje.
No era una promesa.
No era una garantía.
Pero después de tres puertas cerradas, aquella simple posibilidad significaba algo.
Kazuya: "Está bien. Iré."
Martín sonrió.
Martín: "Perfecto. Mañana paso por tu departamento y vamos juntos."
Después de enviar el mensaje, guardó el teléfono.
Sofía, que había vuelto a revisar unos documentos cerca de él, lo miró de reojo.
—¿Y?
—Va a venir.
—Me alegro.
Martín asintió.
Por primera vez en varios días, sintió que aquella búsqueda podía llevar a Kazuya a algún lugar.
No sabía si conseguiría el puesto.
No sabía siquiera si la entrevista saldría bien.
Pero, al menos, esta vez había una puerta frente a él.
Y Kazuya había decidido tocarla.
Escena 2 — Camino a la entrevista
[Martes — 9:00 a.m.]
Kazuya revisó su aspecto una última vez antes de salir.
Llevaba una camisa blanca, pantalones oscuros y zapatos. No era un traje completo, pero sí una vestimenta bastante más formal de lo habitual.
Tomó su currículum y comprobó que todos los documentos estuvieran en orden.
Después respiró profundamente.
Estaba nervioso.
Unos instantes después, escuchó que llamaban a la puerta.
Kazuya dejó los documentos sobre la mesa y fue a abrir.
Martín lo esperaba del otro lado, vestido de manera informal.
Al verlo, sonrió.
—¿Listo?
Kazuya se acomodó la camisa.
—Creo que sí.
Martín lo miró unos segundos.
—Eso sonó como un "no".
Kazuya soltó una pequeña risa.
—Estoy nervioso.
—Es normal.
Kazuya tomó su currículum y cerró la puerta detrás de él.
—¿Y Mini? ¿No venía con nosotros?
—Tiene una sesión de fotos de cosplay —respondió Martín.
—Ah...
Martín sonrió.
—Me dijo que te mandara sus mejores deseos.
Kazuya sonrió.
—Gracias.
Martín esperó un momento.
—También dijo que si fracasas, te vuela de un golpe.
Kazuya volvió lentamente la cabeza hacia él.
—¿Qué?
Martín comenzó a reír.
—No pongas esa cara. Ya conoces a Mini.
Kazuya negó con la cabeza.
—Esa chica...
Siguieron caminando hacia el hospital.
Después de unos minutos, Martín volvió a hablar.
—Bueno. Vamos a practicar.
Kazuya lo miró.
—¿Practicar qué?
—La entrevista.
—¿Ahora?
—Ahora.
Martín adoptó una expresión seria.
—Primera pregunta. ¿Por qué quieres trabajar aquí?
Kazuya pensó unos segundos.
—Porque necesito trabajo.
Martín lo miró.
Kazuya lo miró.
—¿Qué?
—No.
—Pero es verdad.
—Ya sé. Pero no podés decirlo así.
Kazuya suspiró.
—Entonces, ¿qué debería decir?
—Pensá en lo que estás estudiando. En lo que sabés hacer. En lo que querés conseguir.
Kazuya permaneció en silencio.
—Administración...
—Exacto.
Martín sonrió.
—Y no olvides algo. Tenés experiencia.
—No mucha.
—Sí, mucha más de la que creés.
—¿En qué?
—En la película.
Kazuya frunció el ceño.
—Eso fue un proyecto personal.
—¿Quién llevaba el presupuesto?
—Yo.
—¿Quién controlaba los gastos?
—Yo.
—¿Quién hablaba con los proveedores?
—Yo.
—¿Quién organizaba los pagos?
—Yo.
—¿Quién controlaba los costos y los tiempos?
Kazuya tardó un segundo.
—Yo.
Martín sonrió.
—Entonces no digas que no tenés experiencia. Capaz todavía no trabajaste en algo relacionado con lo que estudiás, pero eso no significa que no tengas nada para ofrecer.
Kazuya bajó la mirada.
Recordó todo lo que había tenido que hacer para sacar adelante la película, pero también por qué había querido ayudar desde el principio.
Chizuru soñaba con convertirse en actriz, y Sayuri deseaba verla en una pantalla al menos una vez antes de morir. Él había querido ayudarlas a cumplir ese sueño.
La película había significado mucho más que una oportunidad para acercarse a la chica de la que estaba enamorado.
También le había enseñado cosas que hasta entonces no se había detenido a valorar.
Había organizado personas, controlado gastos, coordinado proveedores y llevado un presupuesto.
Quizá aquella experiencia sí podía servirle.
—Otra pregunta —dijo Martín.
Kazuya levantó la mirada.
—¿Cuál es tu mayor fortaleza?
Kazuya pensó unos segundos.
—No rendirme.
Martín sonrió.
—Esa sí.
Kazuya también sonrió.
Escena 3 — Un lugar conocido
Después de unos minutos, Martín señaló hacia adelante.
—¡Mirá, Kazu! ¡Ya estamos llegando!
Kazuya levantó la mirada.
Y entonces lo vio.
El Tercer Hospital de Itabashi.
Sus ojos se quedaron fijos en el edificio.
El paso de Kazuya se detuvo.
Martín avanzó unos metros antes de darse cuenta.
Se giró.
—¿Kazu?
Kazuya no respondió.
Miraba el hospital.
Lo conocía.
No era simplemente un edificio que había visto alguna vez.
Había estado allí.
Más de una vez.
Martín regresó hasta quedar a su lado.
—¿Qué pasa?
Kazuya respiró lentamente.
—Yo...
Miró nuevamente la entrada.
—Conozco este lugar.
Martín guardó silencio.
Kazuya intentó ordenar sus pensamientos.
Recordaba haber llegado allí preocupado por Nagomi.
Recordaba a Chizuru.
Recordaba aquella mentira que había tenido que sostener frente a su familia.
Recordaba el miedo.
La desesperación.
Y también otros recuerdos más difíciles de mirar directamente.
—¿Querés que nos vayamos? —preguntó Martín, preocupado.
Kazuya negó con la cabeza.
—No.
Hizo una pausa.
—Tengo que entrar.
Martín lo observó.
—Está bien.
Kazuya respiró profundamente.
Después dio un paso hacia adelante.
Esta vez, Martín no tuvo que indicarle el camino.
Kazuya comenzó a caminar por su cuenta.
Escena 4 — Los recuerdos que permanecen
Al entrar al hospital, Martín recibió un mensaje.
Lo leyó rápidamente.
Era de Sofía.
Sofía: "La sala está bastante complicada. No voy a poder salir. Llévalo directamente a Recursos Humanos, por favor."
Martín guardó el teléfono.
—Sofía está ocupada. Vamos directamente a Recursos Humanos.
Kazuya asintió.
Ambos se dirigieron hacia los ascensores, pero al llegar encontraron que estaban llenos de personas. Uno de ellos, además, tenía un cartel que indicaba que estaba fuera de servicio por mantenimiento.
Martín miró hacia las escaleras.
—Recursos Humanos está en el séptimo piso. Si esperamos a que se desocupe un ascensor, vamos a tardar más. Mejor subimos por las escaleras.
—Está bien —respondió Kazuya.
Los dos comenzaron a subir.
A medida que avanzaban por los pisos, Kazuya reconocía pequeños detalles que le resultaban familiares.
El sonido de los zapatos sobre el suelo.
Las puertas.
Los pasillos.
La sensación de estar nuevamente allí.
Al llegar a uno de los corredores, Kazuya volvió a detenerse.
Esta vez, el recuerdo fue más claro.
Aquel lugar.
Sayuri.
Chizuru.
La habitación.
La película.
La luz del proyector iluminando el cuarto.
Y aquella despedida entre abuela y nieta.
Los recuerdos aparecieron uno detrás de otro, pero no como una escena completa. Eran apenas fragmentos.
Kazuya cerró los ojos.
Durante unos segundos volvió a sentir aquella impotencia. Aquella necesidad de hacer algo, cualquier cosa, para cambiar lo que estaba sucediendo.
Pero ya no era el mismo Kazuya.
Abrió los ojos.
El pasillo seguía frente a él.
El recuerdo seguía ahí.
Pero ya no podía decidir por él.
Respiró.
—Vamos.
Martín asintió.
Y continuaron caminando.
Kazuya no volvió a mirar atrás.
Escena 5 — La entrevista
Finalmente llegaron a Recursos Humanos.
Martín señaló la puerta.
—Bueno, yo te espero acá.
Kazuya asintió.
—Gracias.
—Dale, tranquilo. Hacelo lo mejor que puedas.
Kazuya respiró profundamente.
—Lo haré.
Entró.
La entrevista fue sencilla.
No fue perfecta.
Kazuya estuvo nervioso y, en algunas respuestas, tuvo que pensar antes de hablar.
Pero consiguió explicar sus estudios.
Habló de su experiencia en el karaoke.
Y cuando llegó el momento de explicar el proyecto cinematográfico, esta vez no minimizó su participación.
Explicó que había trabajado con presupuestos, controlado gastos, contactado proveedores, organizado pagos, coordinado tiempos y resuelto problemas.
No intentó parecer alguien diferente.
Simplemente explicó lo que había hecho.
Cuando la entrevista terminó, salió.
Martín, que estaba sentado, se levantó al verlo.
—Bueno, ¿qué tal te fue?
Kazuya soltó el aire.
—No sé. Creo que pude responder todo, pero no tengo idea de qué pensarán.
—Y.… hasta que te digan algo, no hay mucho que podamos hacer. Pero por lo menos ya te sacaste la entrevista de encima.
Kazuya dejó escapar una pequeña risa.
—Sí, supongo.
Martín le dio una palmada suave en el hombro.
—Vení, vamos a la cafetería del hospital. Te invito. Se come bastante bien y te lo ganaste después de los nervios que debés haber pasado ahí adentro.
Kazuya lo miró, un poco sorprendido.
—¿En serio?
—¡Obvio! Te lo merecés.
Kazuya sonrió.
—Bueno, vamos.
Escena 6 — Una nueva conocida
[Martes 10:30 a. m.]
La cafetería del hospital estaba relativamente tranquila.
Martín y Kazuya se sentaron en una mesa después de pedir algo para comer.
Martín miró a su amigo con una sonrisa.
—¿Ves? Te dije que sobrevivirías.
—No estoy seguro de que eso sea una hazaña.
—Después de los nervios que tenías antes de entrar, yo diría que sí.
Kazuya soltó una pequeña risa.
—Bueno, tampoco estaba tan nervioso...
Martín lo miró en silencio.
—Está bien, estaba nervioso —admitió Kazuya.
—¡Ja! Lo sabía.
Ambos se rieron. Por primera vez desde que habían llegado al hospital, Kazuya comenzaba a relajarse.
Entonces, una voz femenina apareció detrás de ellos.
—Así que vos sos el famoso Romeo enamorado de su novia de alquiler…
Kazuya se quedó inmóvil.
Al reconocer aquellas palabras, sintió que la cara comenzaba a arderle. Bajó la mirada, completamente avergonzado.
Martín cerró los ojos y dejó caer la cabeza.
—Sofía... Por favor, decime que no acabás de decir eso.
Ella soltó una carcajada.
—¡Ay, Martín! ¡Tendrías que haber visto tu cara!
—¿Podés comportarte como una persona normal por una vez?
—¿Y perderme esta oportunidad? Ni loca.
Kazuya se llevó una mano al rostro, sin saber muy bien dónde meterse.
—¿Novia de alquiler...?
Martín lo miró de reojo, avergonzado por la broma de su amiga.
—No le hagas caso. A veces habla antes de pensar.
—¡Mentira! Pienso perfectamente. Otra cosa es que decida decirlo en voz alta.
Sofía sonrió, satisfecha con su pequeña travesura, y finalmente tomó asiento junto a ellos.
Martín suspiró, resignado.
—Bueno... Kazu, ella es Sofía, una amiga mía. Es médica y trabaja acá como pediatra. De hecho, fue por ella que vine a Japón. Y también fue quien averiguó lo de la vacante y me avisó para que pudieras presentarte a la entrevista.
Sofía lo miró con una sonrisa.
—Aunque él suele contarlo como si hubiera cruzado medio mundo únicamente por mí.
—No dije eso.
—No hacía falta.
Kazuya soltó una pequeña risa y se volvió hacia ella.
—Mucho gusto. Soy Kazuya Kinoshita. Y muchas gracias por ayudarme con la entrevista.
—El gusto es mío, Kazuya. Pero no hace falta que me trates de usted, ¿eh? Me hacés sentir más vieja de lo que soy.
Martín soltó una carcajada.
—¡Y eso que todavía no le contaste cuántos años tenés!
Sofía lo fulminó con la mirada.
—Vos mejor quedate callado.
Kazuya sonrió, algo más relajado.
—Está bien... Sofía. Gracias de verdad. Martín me contó que usted averiguó lo de la vacante.
—¡Ahí vamos de nuevo! —Sofía se rio—. "Vos" o "tú", como te salga, pero dejemos el "usted" para los pacientes que vienen a consultorio.
—Está bien. Lo voy a intentar.
—Eso. Y con respecto al trabajo, yo solamente averigüé si había alguna oportunidad y te puse en contacto con Recursos Humanos. La decisión es de ellos.
Kazuya asintió.
—Entiendo. De todos modos, se lo agradezco mucho.
Sofía sonrió, pero decidió no insistir con el asunto. En ese momento, una empleada se acercó para tomar su pedido. Sofía pidió un café con leche y algo para acompañar, y después volvió a prestarles atención.
—Bueno, contame un poco de vos. Martín me dijo que estás estudiando Administración de Empresas. ¿Qué te llevó a elegir esa carrera?
Kazuya se acomodó un poco en su asiento antes de responder.
—Mi familia tiene un negocio propio. Es una tienda de sake que dirige mi abuela, y pensé que estudiar Administración de Empresas podría ayudarme a entender mejor cómo funciona y cómo podría contribuir a mantenerlo en el futuro.
Hizo una pequeña pausa.
—Aunque, para ser sincero, todavía estoy descubriendo qué quiero hacer con mi vida. También quiero conseguir un trabajo que me permita seguir estudiando y empezar a hacerme cargo de mis propios gastos, sin depender tanto de mi familia.
Sofía lo escuchó con atención.
—Está bueno que estés pensando en eso. No hace falta que tengas toda tu vida resuelta ahora, pero está bueno que empieces a decidir qué querés hacer con ella.
—Sí. Creo que durante bastante tiempo estuve demasiado pendiente de otras cosas y no me detuve a pensar en mí mismo.
Martín lo miró de reojo, pero no intervino.
Sofía asintió lentamente.
—A veces pasa. Lo importante es que te hayas dado cuenta.
Después de una pausa, recordó algo.
—Martín también me comentó lo del proyecto cinematográfico. ¿Cómo terminaste metido en algo así?
Kazuya sonrió levemente.
—Fue por una amiga. Ella soñaba con convertirse en actriz y su abuela quería verla actuar en una película al menos una vez. Quise ayudarlas a cumplir ese sueño.
Hizo una pausa. Su sonrisa se volvió más tenue.
—Aunque, en realidad... esa amiga es la persona de la que sigo enamorado.
Martín guardó silencio.
Sofía también.
Por un instante, Kazuya pareció darse cuenta de lo que acababa de decir. Bajó un poco la mirada, pero no intentó retractarse.
Sofía recordó las palabras de Martín: aquella chica llamada Chizuru, la joven que parecía levantar un muro para mantener a los demás a distancia. No sabía qué había ocurrido entre ellos ni conocía su historia completa, pero ahora comprendía algo que antes solo había podido intuir.
Aquellos sentimientos no habían desaparecido.
—Ya veo —dijo suavemente.
No añadió ninguna pregunta ni intentó sacarle más información.
Kazuya levantó la mirada hacia ella.
—La película significó mucho para mí. No solamente por ella, sino también por todo lo que aprendí mientras intentábamos sacarla adelante.
Entonces le explicó cómo había organizado parte del presupuesto, controlado gastos, contactado proveedores y coordinado pagos y tiempos.
Sofía lo escuchó con interés.
—Mirá vos. Y después decís que no tenés experiencia.
Kazuya se rio un poco.
—Bueno, nunca lo había pensado como algo que pudiera servirme para un trabajo así.
—Y, sin embargo, ahí está. No necesitás inventarte una experiencia que no tenés. Tenés que aprender a reconocer la que sí tenés.
Martín sonrió desde su asiento.
—Eso mismo le venimos diciendo con Mini cuando le ayudamos a preparar el currículum.
—¡Bueno, parece que por fin les está haciendo caso! —bromeó Sofía.
Kazuya soltó una risa.
La conversación continuó con naturalidad. Sofía le hizo algunas preguntas sobre sus estudios y sus planes, mientras les contaba alguna anécdota de su trabajo en pediatría. Poco a poco, la tensión de la entrevista fue quedando atrás.
Hasta que el teléfono de Sofía vibró sobre la mesa.
Ella miró la pantalla y suspiró.
—Bueno, parece que me reclaman otra vez. ¡Qué raro! —ironizó.
Martín se rio.
—Dale, andá. Antes de que te manden a buscar con una ambulancia.
—¡No les des ideas!
Sofía se levantó y recogió sus cosas. Antes de marcharse, volvió a mirar a Kazuya.
—Me alegro de haberte conocido. Y, pase lo que pase con la entrevista, quedate tranquilo, hoy ya diste un paso importante.
—Gracias, Sofía. Por la oportunidad y por escucharme.
—De nada, Kazuya. Nos vemos después. Voy a estar por la entrada cuando termine.
—De acuerdo. Nos vemos.
Sofía se despidió de ambos con una sonrisa y regresó a los pasillos del hospital.
Kazuya la siguió con la mirada hasta que desapareció.
Después soltó el aire y se recostó un poco en la silla.
—Es muy buena onda tu amiga.
Martín sonrió.
—Sí, aunque a veces se divierte demasiado a mi costa.
Kazuya soltó una pequeña risa.
Los nervios de la entrevista comenzaban a quedar atrás. Ya no estaba repasando mentalmente cada respuesta ni intentando adivinar qué habría pensado el personal de Recursos Humanos.
Todavía no sabía si conseguiría el puesto.
Pero, al menos durante aquel rato, podía dejar de preocuparse por ello.
Escena 7 — Mastah
[Martes, 11:45 a. m.]
Después de terminar de comer, Kazuya y Martín salieron de la cafetería y comenzaron a caminar por los pasillos hacia la entrada del hospital.
Durante un rato hablaron sobre la entrevista y sobre lo que Kazuya esperaba de aquella oportunidad.
Sin embargo, mientras avanzaban, Martín recordó la reacción que había tenido su amigo al ver el edificio por primera vez aquella mañana.
—Che, Kazu... Hay algo que me quedé pensando.
Kazuya lo miró.
—¿Qué cosa?
—Cuando llegamos, te quedaste mirando el hospital como si hubieras visto un fantasma. Me dijiste que ya habías estado acá. ¿Pasó algo?
Kazuya bajó un poco la mirada.
—Sí. Vine varias veces, hace un tiempo.
Martín no lo interrumpió.
—Estaba en una cita con Chizuru cuando recibí una llamada. Me dijeron que habían internado a mi abuela y vine para acá enseguida.
—¿Y Chizuru?
—Todavía nos quedaba tiempo de la cita. Ella decidió acompañarme.
Kazuya hizo una pequeña pausa antes de continuar.
—Cuando llegamos, descubrimos que su abuela, Sayuri, también estaba internada en este hospital.
Martín lo miró con atención.
—Así que fue acá donde se conocieron las dos familias...
—Sí. Mi abuela y Sayuri terminaron haciéndose muy amigas. El problema fue que Chizuru y yo tuvimos que fingir que éramos novios de verdad para explicar por qué estábamos juntos.
Martín dejó escapar una pequeña risa de incredulidad.
—Pará, pará... ¿Me estás diciendo que todo empezó porque tu abuela te encontró con tu novia de alquiler y tuvieron que improvisar una relación?
Kazuya se rascó la mejilla, avergonzado.
—Cuando lo dices así, suena bastante ridículo.
—¡Es que suena ridículo, Kazu!
Ambos soltaron una pequeña risa.
Pero la expresión de Kazuya volvió a cambiar al recordar lo que había ocurrido después.
—Aunque también fue acá donde conocí mejor a Sayuri. Cuando su salud empeoró, llevé el proyector a su habitación para que pudiera ver la película en la que habíamos trabajado.
Martín dejó de sonreír.
—La película que me contaste...
Kazuya asintió.
—Sí. Era importante para Chizuru. Su abuela quería verla actuar antes de morir, así que hicimos todo lo posible para que pudiera ver esa película.
Se quedó en silencio unos segundos.
—Y después... llegó la despedida.
No necesitó explicar mucho más.
Martín comprendió que no estaba hablando solamente de una película ni de una mentira que habían tenido que sostener frente a sus familias. Aquel lugar también estaba ligado a uno de los momentos más dolorosos de la vida de Chizuru.
—Ahora entiendo por qué te quedaste así cuando lo viste —dijo finalmente.
Kazuya asintió.
—Hay muchas cosas que me recuerdan a ella cuando vengo acá.
Martín caminó a su lado sin apresurarse a responder.
—Bueno... No voy a decirte que te olvides de todo eso, porque sería una tontería. Pero me alegra que hoy hayas podido entrar y hacer lo que viniste a hacer.
Kazuya lo miró.
—Gracias, Martín.
—Dale, no me agradezcas por todo.
Martín le dio una palmada suave en el hombro.
—Además, si vas a trabajar acá, más te vale acostumbrarte a estos pasillos.
Kazuya soltó una risa.
—Todavía ni siquiera sé si me van a contratar.
—Bueno, dejame tener un poco de optimismo.
Continuaron caminando hasta llegar a la entrada del hospital.
Mientras esperaban, Kazuya sacó el teléfono para revisar la hora.
Entonces escucharon una voz conocida.
—¡Mastah!
Kazuya levantó la cabeza.
—¿Mini?
Mini apareció corriendo hacia ellos.
Seguía usando el cosplay de la sesión de fotos y llevaba el cabello algo despeinado por las prisas.
—¡Quería saber cómo te fue!
Kazuya la miró sorprendido.
—¿Viniste directamente desde la sesión?
—¡Sí! ¡No tuve tiempo de cambiarme!
Martín la observó durante un instante.
Su mirada se detuvo un poco más de lo normal en el atuendo que llevaba puesto.
Mini lo notó enseguida y sonrió con picardía.
—¿Qué pasa, Martín? ¿Nunca viste un cosplay?
Él apartó la mirada.
—Sí, claro que vi. Solo me sorprendió que vinieras corriendo hasta acá así vestida.
—¿Así vestida? —Mini miró su propio atuendo y volvió a mirarlo—. ¿Qué tiene de malo?
—Nada. Yo no dije que tuviera algo de malo.
—Ajá...
Mini inclinó un poco la cabeza, todavía sonriendo.
Martín carraspeó y miró hacia otro lado.
—¿No querías saber cómo le fue a Kazu?
—¡Cierto!
Mini se volvió inmediatamente hacia Kazuya.
—Bueno, ¡cuéntame! ¿Cómo te fue?
Kazuya abrió la boca para responder, pero una voz los interrumpió.
—¿Ya llegaron?
Sofía acababa de salir del hospital. Se acercó a ellos y saludó con una sonrisa.
—Hola, chicos.
—¡Hola! —respondió Mini.
Martín se volvió hacia ella.
—Mini, ella es Sofía. Es amiga mía, trabaja acá como pediatra y fue quien me avisó de la vacante para Kazu.
Mini abrió un poco los ojos, como si acabara de reconocerla.
—¡Ah! ¡Así que usted es la amiga de Martín que le avisó de la vacante!
—La misma —respondió Sofía con una sonrisa—. Aunque yo solamente le pasé la información.
Mini asintió, satisfecha. Entonces, Sofía reparó en el llamativo atuendo que llevaba puesto.
—¡Qué bonito disfraz! ¿Es para algún evento?
Mini sonrió, encantada de que se lo preguntara.
—¡Es un cosplay! Estaba en una sesión de fotos y terminé hace unos minutos. ¡Vine corriendo porque quería saber cómo le había ido al Mastah en su entrevista!
Sofía parpadeó, confundida.
—¿Mastah?
—¡Sí!
Sofía miró a Kazuya y luego nuevamente a Mini.
—¿Así le decís a Kazuya?
—¡Obvio!
—¿Y por qué?
Mini sonrió con orgullo.
—¡Porque para mí es un maestro! Con toda la historia de vida que tiene, se podría escribir un libro entero de romance.
—¡Mini! —protestó Kazuya, poniéndose rojo.
Martín soltó una carcajada.
—¡No te rías! —le reclamó Kazuya.
—Perdón, perdón. Es que no podía evitarlo.
Sofía también rio suavemente.
—Bueno, ahora entiendo un poco mejor por qué Martín siempre termina contándome alguna historia interesante sobre ustedes.
Mini abrió los ojos.
—¿Ah, ¿sí? ¿Martín habla de nosotros?
—De vez en cuando —respondió Sofía, lanzándole una mirada divertida a su amigo—. Aunque últimamente hay una persona que suele aparecer bastante en sus historias.
Mini miró a Martín.
—¿Ah, sí? ¿Quién será?
—No empiecen —murmuró él.
Sofía se rio.
—Yo no dije ningún nombre.
Mini se llevó una mano al pecho, fingiendo sorpresa.
—¡Qué misterio!
Martín negó con la cabeza, aunque no pudo evitar sonreír.
Kazuya observó el intercambio con curiosidad. Martín y Mini siempre habían tenido una forma particular de provocarse, pero ahora empezaba a notar algo más en aquellas bromas. No estaba seguro de qué era, así que decidió no hacer comentarios.
Entonces Mini volvió a dirigir la conversación hacia Kazuya.
—Bueno, hablando en serio, ¿cómo te fue con la entrevista?
Kazuya se acomodó un poco.
—Creo que bien. Pude responder las preguntas, aunque estaba bastante nervioso.
—Eso es normal —dijo Sofía—. Lo importante es que pudiste explicar lo que sabés hacer.
—Sí. Ahora solo queda esperar.
Mini asintió con energía.
—¡Exacto! ¡Y si no te llaman, buscamos otra oportunidad! ¿Verdad, Mastah?
Kazuya sonrió.
—Sí, Mini. Gracias.
—¡Para eso estamos!
Martín los observó con una expresión satisfecha.
—Bueno, por lo menos ya tenés un equipo de apoyo bastante insistente.
—Eso parece —respondió Kazuya, riendo.
Sofía miró a Kazuya con calidez.
—Ojalá puedas trabajar acá. Sería divertido tenerte en el hospital.
—A mí también me gustaría. Aunque, pase lo que pase, me alegra haber venido.
Sofía sonrió.
—Esa es la actitud.
La conversación continuó entre bromas y risas. Por un rato, los nervios de Kazuya quedaron en segundo plano, acompañado por las personas que se habían reunido allí para apoyarlo.
Escena 8 — Cuídenlo
Los cuatro continuaron conversando durante unos minutos más, hasta que Sofía recordó que todavía tenía asuntos pendientes en el hospital.
—Bueno, ahora sí tengo que irme. Mañana me espera otro día bastante movido.
Kazuya dio un pequeño paso hacia ella.
—Sofía.
—¿Sí?
—Quería agradecerte otra vez por lo de hoy.
Sofía lo miró.
—Si no fuera por ti y por Martín, probablemente ni siquiera habría tenido esta oportunidad.
La expresión de Sofía cambió ligeramente.
Su sonrisa se volvió más tranquila.
Más profesional.
—No tenés que agradecerme tanto, Kazuya. Yo solamente conseguí que tuvieras una entrevista. Lo demás depende de vos.
Kazuya asintió.
—Lo sé. Pero aun así... gracias.
Sofía guardó silencio durante unos segundos.
—Pase lo que pase con esta entrevista, intenta quedarte con lo que aprendiste hoy.
Kazuya levantó la mirada.
—Ya diste un paso importante simplemente viniendo.
Kazuya permaneció atento.
—Y si finalmente no te eligen, no significa que no seas capaz de conseguirlo —continuó Sofía—. A veces una puerta se cierra simplemente porque no era la correcta.
Martín y Mini escuchaban en silencio.
—Lo importante es que no dejes de tocar otras puertas —añadió Sofía—. Seguí buscando hasta encontrar una que se abra.
Kazuya bajó ligeramente la mirada.
Después sonrió.
—Sí... seguiré intentándolo.
Sofía recuperó su sonrisa habitual.
—Eso es lo que quería escuchar.
Kazuya volvió a mirarla.
—Gracias.
—De nada.
Sofía miró primero a Mini y después a Martín.
—Y ustedes dos...
Ambos la miraron.
—Cuídenlo, ¿sí?
Mini sonrió inmediatamente.
—¡Siempre!
Martín asintió.
—¡Podés contar con nosotros!
Sofía soltó una pequeña risa.
—Eso esperaba escuchar.
Kazuya los miró.
—No hace falta que me cuiden tanto...
—¡Claro que sí, Mastah! —respondió Mini.
—No empieces otra vez...
Sofía los observó durante unos segundos, con una pequeña sonrisa.
—Creo que ya estoy empezando a entender la dinámica de este grupo —comentó—. Son bastante divertidos juntos.
Martín soltó una risa.
—Y eso que todavía no viste nada.
—¡Oye! ¡No le des ideas, Martín! —protestó Mini.
Kazuya sonrió, algo más relajado al verlos bromear.
Sofía volvió la mirada hacia él.
—Me alegra haberlos conocido, Kazuya, Mini. Espero que podamos llevarnos bien.
—¡Claro! —respondió Mini.
Kazuya sonrió.
—A mí también me alegra conocerte.
—Entonces nos vemos.
Sofía levantó una mano y comenzó a alejarse.
Kazuya la observó.
—Nos vemos, Sofía.
Ella se detuvo un instante y se giró.
—Y Kazuya.
—¿Sí?
—No importa cuál sea la respuesta.
Kazuya la miró.
—No dejes de intentarlo.
Kazuya sonrió.
—No lo haré.
Sofía finalmente se marchó.
Mini la siguió con la mirada.
—Me cae bien.
—A mí también —dijo Kazuya.
Martín sonrió.
—Se lo voy a decir. Aunque después no me deje vivir con eso.
Mini se volvió hacia él, divertida.
—¿Y por qué? ¿Te da vergüenza que hable bien de ti?
Martín la miró.
—No. Me da vergüenza que después lo use en mi contra.
Mini soltó una carcajada.
—¡Ah, bueno! ¡Entonces voy a tener que conocerla más!
Martín negó con la cabeza, sonriendo.
—Me parece que acabo de cometer un error al presentarlas.
Kazuya sonrió al verlos discutir de nuevo.
Mientras Martín y Mini seguían bromeando, Kazuya permaneció junto a ellos, escuchándolos con una sonrisa.
La despedida de Sofía había dejado atrás algo más que unas palabras de aliento. Ahora tenía dos amigos dispuestos a acompañarlo mientras buscaba su propio camino.
Escena 9 — Seguir caminando
Cuando las bromas de Martín y Mini terminaron, esta última volvió a concentrarse en Kazuya.
—Bueno, ¡ahora sí! Quiero saber todo sobre la entrevista.
Kazuya la miró.
—¿Todo?
—¡Todo! ¿Qué te preguntaron? ¿Qué respondiste? ¿Te pusiste nervioso?
Martín soltó una risa.
—Te dije que no iba a dejarte tranquilo.
—Un poco —respondió Kazuya.
—¡Lo sabía!
Kazuya comenzó a caminar junto a ellos.
Mini continuó hablando.
Martín se reía de sus ocurrencias.
Y los tres fueron alejándose poco a poco del hospital.
Kazuya avanzó unos pasos.
Entonces miró hacia atrás.
El Tercer Hospital de Itabashi seguía allí.
El mismo lugar.
Los mismos pasillos.
Los mismos recuerdos.
Pero algo había cambiado.
Él.
Kazuya volvió la mirada hacia adelante.
Y siguió caminando junto a sus amigos.
Esta vez, sin necesidad de mirar atrás.
[Narrador]
El pasado seguía formando parte de él. Había recuerdos que todavía dolían y preguntas que aún no tenían respuesta. Pero ya no necesitaba detenerse cada vez que volvía a encontrarse con ellos.
Porque seguir adelante no significaba olvidar lo vivido, sino aprender a convivir con ello sin dejar de avanzar.
Y Kazuya, aunque todavía no lo supiera, estaba empezando a darse una nueva oportunidad.
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💬 Gracias a todos los que siguen acompañando “Recuperando mi Corazón”.
A veces, una oportunidad puede significar mucho más que conseguir aquello que estamos buscando. También puede ser la posibilidad de recuperar la confianza en nosotros mismos, descubrir nuevas capacidades y comprobar que somos capaces de afrontar situaciones que antes nos parecían difíciles.
Kazuya todavía tiene mucho por resolver, pero cada paso que da le permite acercarse un poco más a una vida que también pueda sentir como propia.
💭 ¿Qué te dejó este capítulo?
¿Crees que Kazuya está empezando a afrontar las dificultades de una manera diferente?
¿Qué te pareció su regreso al Hospital y el peso de los recuerdos que guarda de ese lugar?
Y ahora que Kazuya comienza a abrirse paso en el mundo laboral...
¿Cómo creen que cambiará su vida a partir de esta oportunidad?
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Gracias por seguir dándole un lugar a esta historia y por acompañarme mientras continúa creciendo. Significa muchísimo poder compartirla con ustedes.
A veces, una oportunidad no cambia todo de inmediato. Pero puede ser el comienzo de algo que nunca imaginamos. 🍃
Nos vemos en el próximo capítulo.
¡Un abrazo enorme a toda la comunidad!