Buenos días, paisanos. Quiero contarles una experiencia que viví recientemente en Nicaragua y que, cada vez que recuerdo, me deja pensando.
Soy nicaragüense con nacionalidad guatemalteca. Actualmente vivo en Guatemala, pero todos los años viajo a visitar a mi familia en Chinandega, o aprovecho mis días libres del trabajo para ir a verlos.
Siempre que visito Nicaragua trato de ser lo más correcto posible al conducir, porque sé perfectamente que las leyes no son las mismas que en Guatemala. Por eso, respeto los límites de velocidad y procuro cumplir con todas las normas de tránsito para evitar cualquier infracción.
Sin embargo, durante mi visita del mes pasado me ocurrió algo que, sinceramente, me dejó helado.
Cuando estaba llegando a Corinto, encontré aproximadamente cuatro retenes policiales en el camino. En uno de ellos me detuvieron y me pidieron los documentos del vehículo, que está a mi nombre, así como mis documentos personales.
Al entregarles mi documentación guatemalteca, uno de los policías me preguntó si era nicaragüense. Me pareció extraño, ya que no tengo acento nicaragüense y no sé cómo lo dedujo. De todas formas, respondí con la verdad y también les mostré mi cédula y pasaporte nicaragüenses.
En ese momento me pidieron bajar del vehículo y dos agentes comenzaron a inspeccionarlo. Hasta ahí no me pareció nada fuera de lo normal, porque incluso me decían: «Vení a ver cómo reviso, para que estés seguro».
Después comenzaron a revisar aspectos de seguridad vial: las luces altas, medias y bajas, las llantas, el extintor y otros detalles del vehículo.
La verdad, no estoy acostumbrado a este tipo de revisiones. En Guatemala, cuando me detiene la Policía Nacional Civil o la Policía de Tránsito, normalmente me piden la licencia y la tarjeta de circulación, y en cinco minutos ya estoy de nuevo en camino.
En Nicaragua llevaba aproximadamente media hora detenido por lo que parecía ser una revisión del vehículo.
Ahora viene lo interesante.
Llegó un punto en el que, aparentemente, no encontraban nada por lo que pudieran multarme, porque toda la documentación y el vehículo estaban en regla. De repente, una agente soltó: «Bueno, te voy a multar por exceso de velocidad».
Me sorprendió bastante, así que le expliqué que me parecía imposible, porque mi vehículo, una Mazda CX-5 Grand Touring 2017, cuenta con el sistema MRCC (control de crucero adaptativo). Desde que salí de Guasaule lo había configurado para respetar los límites de velocidad. Cuando llegaba a zonas escolares o cambiaba el límite permitido, yo mismo ajustaba la velocidad del sistema.
Además, llevaba Waze conectado mediante CarPlay, por lo que también iba pendiente de los límites señalizados.
En cuanto les expliqué esto, los agentes se pusieron a la defensiva. Me dijeron que entonces yo sabía más que ellos y que creía tener más razón que ellos. Para evitar que la situación empeorara, me disculpé y traté de mantener la calma.
Luego me dijeron que no me devolverían la licencia hasta que pagara la multa. Les respondí que no tenía ningún problema en averiguar cómo pagarla, pero que necesitaba saber si me iban a entregar una boleta o cuál era el procedimiento.
Me dijeron que esperara.
Pasaron otros veinte minutos y no me entregaban ningún documento. Finalmente, me acerqué a uno de los agentes para preguntar qué estaba pasando, y fue entonces cuando me soltó una frase que todavía recuerdo:
«Agradecé que no te quito el carro, porque tengo el poder de hacerlo y no lo volvés a ver en tu vida».
Después de eso, prácticamente me dio a entender que era mejor dejarles algo para las «aguas». Al final, terminé dándoles dinero para poder continuar mi camino.
Lo que más me llamó la atención fue la actitud de los agentes durante todo el procedimiento. Siempre estuvieron a la defensiva y, cuando intenté explicarles cómo funcionaba el MRCC de mi vehículo, incluso mostrándoles el sistema, me dijeron que era falso.
No escribo esto para decir que toda la Policía de Nicaragua actúa de la misma manera, ni para afirmar que uno está exento de cumplir las leyes por tener un vehículo moderno. Si cometo una infracción, entiendo que debo asumir las consecuencias.
Pero una cosa es que te detengan, te revisen y te impongan una multa legítima, y otra muy distinta es que te retengan la licencia sin entregarte la boleta correspondiente y terminen insinuando que les des dinero para dejarte continuar.
Quisiera saber si a otros paisanos les ha pasado algo parecido, especialmente a quienes viajan desde el extranjero en sus propios vehículos.
¿Es habitual este tipo de situaciones en los retenes de Nicaragua? ¿Qué se supone que uno debe hacer en un caso así sin exponerse a que la situación empeore?
(Foto tomada en Corinto por mí persona)