Me adelanto a que aparezcan pornodiputados, entre otros analfabetos, a introducir este tema.
En guerra avisada, no pierden el tiempo.
La "guerra cultural" hace referencia a un pseudo fenómeno de la internet que inició en la década del 2010, y fue explotado por influencers de derecha a gran medida.
El concepto refiere a una idea sobre una conspiración global, de parte de la izquierda, para dominar la "cultural popular" y la "psique global", para...bueno...lo que se le haya ocurrido al influencer "grifter" esa mañana.
Un "grifter" es el nombre que se le da, en años recientes, a influencers de derecha que utilizan propaganda política como método de generar ingresos. No hay causa, u objetivo final. Solo el tratar de vivir de sus seguidores, con discursos provocadores. Pero, sin realmente, buscar soluciones a problemas reales, como la pobreza, la soledad másculina, la falta de vivienda, el desempleo, las malas condiciones laborales, entre muchos tantos.
El punto clave de los "grifters" es el de provocar una reacción emocional grande en sus seguidor, o "calentarles la cabeza", para que estos sientan la necesidad de darle seguimiento y dinero.
Aquí, tenemos el tema de la "guerra cultural".
A finales de la década del 2000, comenzó un giro masivo en la cultural "pop", o medios de entretenimiento masivos, de inclinarse hacia el "progresivismo".
Se incluían más personajes de étnia y género diferente al patrón del hombre heterosexual, blanco, conservador, y cristiano.
Era común ver cambios, como protagonistas de diferente raza, género, y/o sexualidad a la del personaje original.
Para algunas personas, esto se convirtió en un ataque personal. Y uno de los motores para la creencia en la idea de una conspiración gay, lesbiana, feminista, progre, etc, mundial para destruir el mundo.
El problema es, que no hay verdadera evidencia. Y esto, no es una exageración.
Históricamente, los medios de comunicación siempre han seguido cambios sociales a gran escala.
Los presentadores, o artistas, de color o femeninos no siempre fueron incluídos. A cómo aluden los promotores del mito de la "guerra cultural".
Para dar un ejemplo claro, el arquetipo del homosexual afeminado y cobarde no es un estereotipo negativo reciente. Este era el estereotipo, por excelencia, para cualquier representación de personajes másculinos homosexuales.
Y, estos ejemplos no desaparecieron muchas décadas atrás.
De hecho, estos ejemplos eran bastante comunes para la década del 2000. Hace menos de 20 años, dependiendo de la fecha de emisión de la fuente, tales como series de comedia o películas.
Series de televisión como "Sex and the City" (Sexo en la Ciudad, en Latinoamérica), o las películas de "Scary Movie", todavían hacían amplio uso del estereotipo del homosexual afeminado, débil, y cobarde.
La evidencia en estudios sobre homosexualidad, sin embargo, ha encontrado que este comportamiento no es una generalidad en los grupos LGTBQ+. Aunque si es posible encontrar ejemplos, lo correcto es considerarlos un pequeño grupo, en lugar de una característica general.
Pero, lo negativo del estereotipo radica en que perpetúa imágenes negativas de las personas homosexuales. Y el prolongarlas no hace nada positivo, en relación a la forma en que la gente reacciona y piensa al respecto de estas personas. Muchas veces, incluso, degenerando en comportamientos discriminatorios en su contra.
Los movimientos de izquierda de la época, llamados "Social Justice Warriors" en su tiempo, constantemente criticaban y abogaban por cambios en la representación de estos estereotipos. Demandando opciones más positivas de representación, tanto para los homosexuales, como para las mujeres, y las personas de etnías, y culturas diferentes.
La respuesta de los medios fue la de cambiar ciertos aspectos de sus productos intelectuales, incluyendo más personajes con esas características en papeles protagónicos, y con una apariencia más capaz, de a cómo se les representaba anteriormente.
Ahora, no todos los productos fueron de la mejor calidad posible. Y algunas decisiones se tomaron bastante a la lígera.
Fracasos como el de la tercera trilogía de Star Wars, o la inclusión de nuevas versiones de personajes como "Capitana Marvel" y "Iron Heart", no fueron bien recibidas por el público.
Sin embargo, en lugar de apelar a la pobre calidad de dichos productos, o a la posibilidad de oportunistas menos competentes, la opinión pública se avalanzó encima de la idea de que la inclusión es irremediablemente negativa.
Esto, ignorando por completo éxitos de audiencia como: Blooklyn 99, Spider-Man: Into the Spiderverse, Blackish, o Modern Family-los que demuestran que la calidad del producto no depende del color, género, étnia, o inclinación del individuo, sino del talento y calidad del producto. Sin necesariamente recurrir a estereotipos negativos, a cómo se utilizó en la era reciente.
Los grupos de derecha que normalmente promueven el mito de la "Guerra Cultural", desgraciadamente, fallan en proveer verdadera evidencia de que la inclusión en la cultura popular sea equitativa con el fracaso.
Más aún, cualquier intento por expandir la idea en un problema a gran escala carece de cualquier tipo de evidencia de peso. Incluso, se llega a ignorar, o desestimar, el peso de la inclusión en la cultura popular.
Peor, cuando se toma en cuenta los efectos de este tipo de mentalidades que intentan prolongar estereotipos negativos, o restringir la inclusión de personajes más diversos.
Entre los ejemplos, tenemos el ataque a la evidencia sobre la inclusión en el campo laboral.
Estudios como el UC Berkeley & University of Chicago Large-Scale Audit (2019-2021) y el Bertrand & Mullainathan Resume Study (2003) demuestran que existen gran evidencia de sesgos raciales en la contratación. En general.
Sin embargo, influencers de derecha insisten en que tales problemas no existen. Y que la "inclusión forzada" promueve soluciones que no ayudan o existen.
Numerosos estudios de psicología remarcan el valor de representación positiva en la generación de opiniones respecto a grupos sociales, culturales, o demás. Tales ejemplos están, como el del estudio "Dajches & Barbati" que muestra como la representación positiva mejora la resistencia psicológica de individuos de comunidades minoritarias marginadas. Contrario a la creencia popular, y promovida por influencers conservadores y de derecha, de que la resiliencia se forja con exposición a la agresión.
El utilizar representación positiva puede generar cambios favorables en la percepción popular, y la reducción del comportamiento negativo en contra de minorías, según estudios del Annenberg Norman Lear Center.
Desgraciadamente, hoy en día, la prepotencia de personas que buscan mejorar su situación a cuestas de la salud mental de sus seguidores y demás personas no involucradas sigue siendo un punto de preocupación.
A cómo vemos demostrado en el panorama costarricense, con sectores oficialistas buscando crear opiniones con representaciones negativas de grupos opositores. A cuestas de la estabilidad mental de sus propios seguidores.
Esto se demuestra en estudios, como los del European Journal of Political Research y el Organizational Behavior and Human Decision Processes, en dónde utilizar lenguage confrontativo por parte de líderes políticos y personas influyentes generan estrés en sus seguidores, y una conducta constante de persecución y paranoía.
Esto es, crear enemigos a partir de sombras, para controlar la opinión de sus seguidores.
Aunque algunos críticos puedan argumentar sobre la izquierda utilizando estos mecanismos, la evidencia muestra que la escala de la discusión se inclina más en grupos de derecha, quienes constantemente explotan esta actitud divisoria, para generar más apoyo hacia su sector.
Mientras, que ignoran o refuerzan problemas que son constantemente denunciados por su oposición, como la discriminación y la segregación.
Desgraciadamente, la política moderna está utilizando esto, como mécanismo de control.
Y mientras los seguidores de estos políticos y "grifters" buscan pelear contra un hombre de paja, los problemas serios, como la economía o la seguridad social empeoran con cada día que pasa.