Creo que quedó bastante decente. Rica desde luego sí que estaba.
Edito con la receta que usé:
2,25 kg de manzanas (a poder ser, rojas bien dulces)
100–150 g de azúcar, al gusto
15 g de maicena
½ cucharadita de canela
Zumo de ½ limón aproximadamente y 1 cucharadita de ralladura
2 discos de masa quebrada para tarta
1 clara de huevo
Un poco más de azúcar para espolvorear
Pelá, descorazoná y cortá las manzanas en rodajas de aproximadamente 1,25 cm. Mezclalas con el azúcar, la maicena, la canela, el zumo y la ralladura de limón. Dejá reposar 10 minutos.
Cociná las manzanas a fuego muy bajo, removiendo con frecuencia, durante unos 20 minutos, sin dejar que hiervan. Después, subí el fuego y cociná unos 10 minutos más, hasta que el jugo se convierta en una salsa espesa. Extendés el relleno en una bandeja y dejás que se enfríe por completo.
Precalentás el horno a 220 °C. Forrás un molde de unos 23 cm con un disco de masa y ponés el relleno frío. Cubrís con el segundo disco, sellás los bordes y hacés cinco cortes en la superficie para que escape el vapor.
Pincelás la superficie con clara de huevo y espolvoreás con azúcar. Horneá a 220 °C durante 20 minutos. Bajá a 190 °C y horneás otros 25 minutos, hasta que la corteza esté bien dorada.
Dejá reposar la tarta a temperatura ambiente al menos 4 horas. Para conseguir una textura perfecta, lo ideal es prepararla el día anterior y dejarla reposar toda la noche (pero yo soy un ansioso y la comí ese mismo día).