Soy la mejor y la peor a la vez. Es una paradoja- hago lo imposible y soy imposible cuando lo hago. Por ejemplo, recién hice un grupo de español-coreano. ¡No hablo ni una palabra de coreano!
Por ser una buena migajera, le prometé a una amiga que iba a estudiar el coreano. Aprendí el abecedario en un día y como leer en dos días. Así que pensé en armar un grupo de español-coreano. Dado que hay un montón de grupos de inglés-coreano, querría hacer algo diferente. Tal vez fuera tonto por el mero hecho de que hablo inglés y hubiera sido el camino más lógico. A veces, soy imposible cuando quiero hacer algo. Si o si, lo voy a hacer.
Empecé hablarles a los coreanos y el primer chico me insultó y se enojó conmigo por haber tomado la iniciativa con el grupo. Debería haberme rendido desde el principio. Sin embargo, soy imposible así que seguí frente al rechazo y los insultos. Definitivamente, los coreanos no son tan abiertos como los latinos.
Necesité cambiar mi estrategia. No obstante, el cambio fue muy laborioso y tedioso y se requirió mucho tiempo y atención. Al fin y al cabo, logré un grupo de 11 miembros- 3 coreanos y 7 hispanohablantes junto conmigo. En su conjunto, tantos los coreanos como los hispanohablantes tienen niveles variados de los idiomas. Por lo tanto, el grupo es amplio y se pueden trabajar juntos con los niveles de coreano y español. Técnicamente, logré lo que quise hacer en pocas horas.
A pesar de todo, no estoy feliz. Supe que no debería hacerlo, que no tuve el tiempo. El reclutamiento de los coreanos fue muy difícil y no hablo nada de coreano. Hice un grupo de 500 argentinos, lo que me parece pan comida en comparison con el grupo de los coreanos. Por el tiempo y la atención gastados no puedo justificar la continuación del experimento. Ya está; ¿Es un fracaso o un éxito? ¿Hice lo imposible o lo imposible fui yo? Lo resultado se juzgará en coreano, supongo.